El 4 de febrero fue mi cumpleaños. Con eso de que hay que trabajar, terminé hasta las diez de la noche, entonces decidimos festejar el sábado desde las 2 de la tarde.
Ya el muégano había confirmado su asistencia, mis padres también y todo estaba preparado para pedir las pizzas y los refrescos. Hasta que la cuñada de mi mujer decidió que era necesarios llamar la atención y se puso a tener contracciones a los seis meses de embarazo.
Obviamente todo fue cancelado, y tuvimos que ir a verla el sábado a su casa. Ya que vimos que la niña no se le había salido, nos regresamos dizque para recibir a los amigos que iban a llegar en la segunda tanda de la fiesta (de las 6 pm en adelante). Por supuesto, había que hacer primero las compras necesarias de botnanas y alcohol, además de alaciarnos el pelo y recortarnos el bigote (mi mujer lo primero y yo lo segundo).
Los invitados confirmados para las 6 llegaron a las 7 y media... todo en Mexican Time, por supuesto. Las primas de mi mujer nomás no llegaron, mi compadre, su mujer y su hija sí. Por ahí de las 9 se suponía que llegaba la siguiente tanda de parientes, que llegaron hasta las diez, on ce y doce.
Y en el transcurso de la noche consumimos abundante botana, cerveza, tequila, refresco y carnes frías. Al final los últimos colgados se fueron a las 4 de la madrugada. Y tan sólo tres horas después mis hijos se encargaron de despertarme para pedirme de desayunar.
Estuvo bien, pero el año que viene va a estar mejor.
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