Ahí les van las novedades, en orden más o menos aleatorio:
- Ya nació la Niña Sin Nombre (también conocida como la Hija de Lord Voldemort, el Que No Debe Ser Nombrado).
- !Ya llegué de Nexpa, vieja!
Llegamos a Cuernavaca a dizque preparar maletas y dormir y nos recostamos a esperar las fatídicas 3:00 am. A las 3:15 su servilleta tuvo que levantar y cargar a los pequeños durmientes, porque no había poder humano que los hiciera caminar por su propio pie hasta el coche. Fueron someramente acomodados en el asiento abatible del Chevy (con respectivo acolchonamiento, si no soy tan animal, a pesar de lo que diga la Bestia) y nos trepamos a la astronave, con dirección a Cd. de México, Toluca, Morelia, Uruapan, Lázaro Cárdenas y, finalmente, Nexpa.
Partimos sin dolor, porque esos empezaron como a las tres horas de andar en carretera, cuando mi trasero comenzó a inconformarse con el desafuero de López Obrador y con la inactividad del Congreso de Morelos. Vista la protesta multitudinaria, fue necesario descansar en la caseta más cercana, en donde averigüamos es verdadero significado de "¡Pin... Frío!". Llegamos a Morelia sin novedad y nos dirigimos a la gasolinera más cercana, con la sana intención de hacer uso de los sanitarios, cuando descubrimos que hay gasolineras que ¡NO TIENEN BAÑOS! Treinta kilómetros después, justo cuando la presa iba a desbordar, encontré un clarito junto a la carretera y contribuí al crecimiento de un arbolito medio raquítico. Cinco minutos después llegamos a una caseta, donde la Gordita Adorada hizo uso de los servicios "civilizados", no de "esas cochinadas, ni las manos te lavaste, guácala, no me toques, lávate ahorita en la caseta, desinfecta el volante y la palanca, ni te me acerques, no me hagas esos ojos, ¿quieres una coca? ¿Ya viste? Está amaneciendo, que bonito, ¿no? De una vez te digo, no quiero que andes de gruñón, vamos de vacaciones, deja jugar a los niños, no les grites, bla, bla, bla...."
A eso de las nueve de la mañana entremos a la autopista a Lázaro Cárdenas, cuando su servilleta tuvo un destello de inteligencia: consultar la Guía Roji para ver cuántos kilómetros faltaban... 350, para ser exactos. Mmmm... 15 litros de gasolina, 14 km por litro.... mmmm... 210 km... no, ni madres, no llegamos... necesita gas el coche... "Gorda, hay que cargar gas, si en 25 km no encontramos una gasolinera, me regreso al pueblo que acabamos de pasar, ¿sale?" "Sale" 25 km después encontramos un tendajón-restaurante en donde pregunté por la gasolinera más cercana: "¡Újule, sólo hasta Lázaro!" Un buen samaritano me ofreció pasarme gas de su camioneta, pero preferí darle las gracias y regresar hasta el pueblo anterior. Una vez cargada la gas, encontramos un árbol muy bonito, tomamos fotos y compramos cocos fríos, para rehidratar a los bodoques, que ya traían cara de desahuciados por el calor. Retomamos autopista y empezó la carretera más solitaria por la que había circulado en mi vida... como a los 150 km había una caseta de $11.00, luego otra que estaba abandonada, sólo con dos monitos pidiendo cooperación con un botecito con la imagen del Sagrado Corazón (obviamente cooperé, no vaya a ser la de malas...) y luego una más que estaba ocupada por unos ejidatarios y de la que la gente de CAPUFE había sido desterrada (obviamente, también cooperé, no fuera a ser la de muy malas..) y por último una caseta de $11.00 con retén militar (¡un chubi, un chubi por ai'!). Llegamos a Lázaro y tomamos la desviación a Playa Azul (que ya parece Caleta, no es muy recomendable), nos regresamos a un entronque hacia Colima ("Ire, nomás hacia Manzanillo están las playas, tras lomita...") y anduvimos un buen rato hasta encontrar una playa en donde había restaurant. Comimos, evaluamos la posibilidad de quedarnos ahí -"aquí, papá, aquí... ándale ¿sí?" y mejor preguntamos como llegar a Nexpa. Después de las indicaciones de un Policía Federa, arribamos a la primera a la Barra de Nexpa (siguen estadísticas básicas).
Habitantes: como 30.
Distancia del pueblo más cercano: 55 km.
Turistas: como 200, la mayoría extranjeros, todos surfistas o hippies.
Costo de lugar para acampar dos días: $290.00
Costo de las comidas para cinco por dos días: $500.00
Costo de las chelas: $60.00
Ver a Conrado armar la tienda de acampar toda chueca y buscar como loco un contacto eléctrico para inflar su colchón: No tiene precio.
A estas horas ya era de noche, y nos dispusimos a dormir. Al amanecer siguiente, los enanos saltaron a la playa, previa embadurnada de bloqueador, y me dediqué a jugar con ellos (Nota Importante: cuando uno se pone bloqueador, es conveniente pedirle a alguien más que te ponga en la espalda, porque si no terminas con una quemada de forma extraña en la mera mitad, donde no te alcanzaste a poner y todo mundo se te queda viendo raro cuando pasas junto a ellos...).
Después de todo el día de corretear en la playa, nos dispusimos a dormir, previo inflado del colchón (tenía una fuga de aire, pero ya sabía en dónde estaba el contacto :-P). Y para variar, no me pude dormir, estaba muy acelerado por estar tan relajado - contradictorio, pero así soy... Y no me quedó de otra más que salirme a ver el mar un rato, mientras los demás roncaban a pierna suelta. El ser desvelado tiene sus ventajas y sus desventajas, pero esa noche fue muy divertido:
"(Voz femenina)¡Pacooooo! (Voz masculina)¿Queeeeeé? (Voz femenina) ¡Vente a hechar un toqueeeee! (Voz masculina) ¡Voooy!"
20 minutos después:
"Paquitooo, chiquito, ven para acá, así, así, te necesito... ¡Pinche Paco! ¡Ya te quedaste jetón! Mmffmfmf, grrrr, grrrr.... ¡Úta, y roncas como tren! ¡Me lleva!"
Después de reírme un buen rato de las frustraciones de los vecinos de la tienda de al lado, me quedé dormidito y muy en paz. Al amanecer del sábado empacamos todo, desayunamos y agarramos camino hacia la Eterna Primavera.
Todo iba bien, hasta que encontramos el Gran Atorón Chilango: una cola de autos de por lo menos 70 kilómetros, entre dos casetas de cobro de la autopista Morelia-Toluca. Avanzando a unos 10 km por hora, mejor me paré en una gasolinera a hablar por teléfono a La Familia, para anunciarles que llegábamos tarde. Como a las 10 de la noche llegamos a Toluca y tomamos por asalto un Burger King, en donde engullimos comida chatarra como niños de Biafra. Satisfechos nuestros estómagos, emprendimos el camino-peregrinación-calvario hacia chilangolandia. Cruzamos la ciudad perdiéndonos sólo dos veces y por menos de tres minutos cada vez (voy mejorando, voy mejorando), y llegamos a territorio conocido sobre Insurgentes, en donde mi Gordita Adorada pudo observar por primera vez el Mercado de Carne que se pone los fines de semana - "¡Por 20 millones de puntos: hombre, mujer o quimera?". Por fin, en la caseta de Tlalpan para Cuernavaca, pude estirarme y sobarme todas las coyonturas, que ahora ya se habían sumado a la protesta de mi trasero contra el desafuero de López Obrador. Llegamos a Tepoz, para entregar al Raf, a eso de la una de la mañana y a Cuerna a las dos. Por fin, a las tres de la madrugada, me pude posar en mi adorado colchón y descansar de las vacaciones.
¿Quería vacaciones, no?

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