Todo iba muy bien, 32 años recién cumplidos y me siento joven todavía... hasta que llegué a la casa el martes.
Sólo fue cosa de entrar para que mi pequeña, mi adorada bebecita de ocho años me dijera, con su vocecita más tierna "Papi, ¿podemos hablar?" Obviamente que le dije que sí, porque al fin y al cabo parte importante de la crianza de los hijos es la comunicación, la confianza y todo eso (bla, bla bla... ¡maldita sicología infantil!).
Me apersoné en una pequeña silla de plástico amarillo que tiene a un lado de su cama, y le pregunté en mi mejor pose de Padre del Año 2005 "¿Qué pasa amor?" No lo hubiera preguntado.
"Papiiiiiiiiii...." me dijo con ese arrastre de la "i" que ya sé que significa que algo quiere, "es que, es que, papi...." "¿Qué quieres, pedacito de mi vida?" "Ay, papiiiiiiiiiii.... es que.... ¡me gusta un niño!"
Repentinamente, el mundo se me volteó... ¡Mi bebé! ¡Mi nena! ¡La niña de mis ojos! ¡La Niña, la Pinta y la Santa María! ¿Qué caraj... se hace en estos casos?
Nada, no se hace nada... Todo lo que su padrino y yo le dijimos de que no le dábamos permiso de tener novio hasta los 30... el famoso niñito Juanpis que le regalaba brownies en primero de primaria de repente se transforma en un ave de rapiña que quiere llevarse a mi bebé... ¡A MÍ BEBÉ!
¡Alerta Roja! ¡Todos a sus posiciones de combate! Incoming! Shields up! ¿Dónde contrato un hit-man? ¿Cuánto cuesta un cinturón de castidad? ¿Puedo adaptar cerraduras inviolables en las puertas y ventanas? ¿Cómo registro su correo electrónico sin que se dé cuenta?
Sin embargo, el medio segundo que tardaron todos estos pensamientos en pasar por mi mente, se acabó y no tuve más remedio que contestar: "¿De verdad chiquita? ¡Qué bueno!" (de los males el menos, por lo menos le gusta el sexo opuesto... eso me ahorra muchas sesiones se sicoterapia...). "¿Y quién es?" pregunté inocentemente, sabiendo perfectamente que el único era el niño de los brownies... al fin y al cabo, a las mujeres les gustan los hombres detallistas y todo eso... "Es de mi salón.... se llama xxx."
¡MALDICIÓN!
No era el "niño brownie"... era... ¡OTRO!
Y en cuanto me dijo su nombre, lo ubiqué perfectamente... no tiene malos gustos mi hija... (otra bronca menos, cuando decida perpetuar la especie, por lo menos va a mejorar su raza, no la de otros... yo no sé que haría como abuelo de un nieto feo... esconderlo en el traspatio, tal vez).
Y entonces me dí cuenta: no puedo hacer nada. Está creciendo y no lo puedo detener. Sólo me queda el Blog para dejar evidencia y avergonzarla cuando sea adolescente... Almenos me queda ese gusto... ¡Algún día la venganza sera mía!
Hasta entonces, me seguiré sintiendo cada día un poquito menos joven... mmm... ¡né!
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1 comentario:
Sabes perfectamente como tu padre, que mis palabras no se deben a ningún otro motivo que la directa persistencia de mi endemoniado cerebro por escuchar mentes ajenas... JAJAJAJAJAJAAJAJAJAJ esperaba el momento siniestro en que la pequeña "J" abandonara los brazos paternos para embelezarse con la mirada de un niño... tiene 6... espera los 15!!!.
Amor y besos.
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